Un padre y su hijo: Dick y Rick, ¡no corras solo!

Publicado por RenaticO | Categorías: Para Reflexionar, Pro Vida, paternidad, testimonios, videos | Fecha: 21-06-2009

0

Rick nació en 1962 con un grave problema, el cordón umbilical se le había enrollado en su cuello, produciéndole severos daños.

Los doctores le dijeron a Dick, su padre, que su vida sería la de un vegetal y que lo internara en un instituto, pero Dick y su esposa Judy, planeaban para su hijo una vida normal.

Así, Rick iba a la playa con sus padres, jugaba hockey con sus amigos y fue matriculado en una escuela pública.

A los 11 años de edad lo llevaron al departamento de ingeniería en la Universidad Tufts, donde construyeron un sistema especial para que pudiese comunicarse con ligeros movimientos de sus cabeza, sus primeras palabras fueron “¡Vamos Bruins! ” (un famoso equipo de hockey sobre hielo).

Cuando tenía 15 años le pidió a su padre participar de una maratón que se hacía a beneficio de un joven paralítico, su padre que no era un atleta, aceptó empujar a Rick en la carrera, su vida cambió por completo -  “cuando estábamos en la carrera, pude sentir que ya no era un discapacitado” – dijo desde sus computador.

A partir de ese momento se propuso a darle a Rick ese sentimiento tan a menudo como podía. Logró desarrollar una condición física lo suficientemente fuerte que él y Rick estaban dispuestos a participar en la Maratón de Boston en 1979.

Ahora Dick y Rick compiten juntos en maratones, compiten juntos en triatlones, juntos, porque son: Un padre y su hijo.

Imagen de previsualización de YouTube Imagen de previsualización de YouTube

Link: Renuevo de Plenitud

Link: PUBLICANARY

Link: HazteOir.org

Sacerdote: Pescador de Hombres

Publicado por RenaticO | Categorías: Para Reflexionar, Recursos, benedicto xvi, eucaristía, evangelización, sacerdote, testimonios, videos, virgen maría | Fecha: 20-06-2009

0

Parte I

Imagen de previsualización de YouTube

Parte II

Imagen de previsualización de YouTube

Vídeo Vocacional de la Conferencia Espiscopal Norteamericana.

Ayer  viernes se aperturó en la Iglesia el “Año Sacerdotal” (del 19 de junio de 2009 al 19 de junio de 2010).

Este video resalta lo “sobrenatural” del sacerdocio, un homenaje a quienes son nuestros Padres en la fe, quienes “lo dejaron todo”  por ser “Pescador de Hombres” (Cfr. Lc. 5, 11-12).

Es también una inspiración para tantos jóvenes que queremos darle un real sentido a la “entrega”.

Mons. Van Thuan: Eucaristía en un campo de concentración

Publicado por RenaticO | Categorías: Iglesia Misionera, Para Reflexionar, eucaristía, testimonios | Fecha: 16-06-2009

0

Cardenal F.X. Van ThuanTestigos de esperanza

Cuando en 1975 me metieron en la cárcel, se abrió camino dentro de mí una pregunta angustiosa: ” ¿Podré seguir celebrando la Eucaristía?”. Fue la misma pregunta que más tarde me hicieron los fieles. En cuento me vieron, me preguntaron: “¿Ha podido celebrar la Santa misa?”.

En el momento en que vino a faltar todo, la Eucaristía estuvo en la cumbre de nuestros pensamientos: el pan de vida. “Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar es mi carne por la villa del mundo” (Jn 6, 51).

“En memoria mía”

Cuando me arrestaron, tuve que marcharme enseguida, con las manos vacías. Al día siguiente me permitieron escribir a los míos, para pedir lo más necesario: ropa, pasta de dientes… Les puse: “Por favor, enviadme un poco de vino como medicina contra el dolor de estómago”. Los fieles comprendieron enseguida.

Me enviaron una botellita de vino de misa, con la etiqueta: “medicina contra el dolor de estómago”, y hostias escondidas en una antorcha contra la humedad.

La policía me preguntó:

–¿Le duele el estómago?

–Sí.

–Aquí tiene una medicina para usted.

Nunca podré expresar mi gran alegría: diariamente, con tres gotas de vino y una gota de agua en la palma de la mano, celebré la misa. ¡Éste era mi altar y ésta era mi catedral! Era la verdadera medicina del alma y del cuerpo: “Medicina de inmortalidad, remedio para no morir, sino para vivir siempre en Jesucristo”, como dice Ignacio de Antioquía.

A cada paso tenía ocasión de extender los brazos y clavarme en la cruz con Jesús, de beber con él el cáliz más amargo. Cada día, al recitar las palabras de la consagración, confirmaba con todo el corazón y con toda el alma un nuevo pacto, un pacto eterno entre Jesús y yo, mediante su sangre mezclada con la mía. ¡Han sido las misas más hermosas de mi vida!

La Eucaristía en el campo de reeducación

Así, en la prisión, sentía latir en mi corazón el corazón de Cristo. Sentía que mi vida era su vida, y la suya era la mía.

La Eucaristía se convirtió para mí y para los demás cristianos en una presencia escondida y alentadora en medio de todas las dificultades. Jesús en la Eucaristía fue adorado clandestinamente por los cristianos que vivían conmigo, como tantas veces ha sucedido en los campos de concentración del siglo XX.

En el campo de reeducación estábamos divididos en grupos de 50 personas; dormíamos en un lecho común; cada uno tenía derecho a 50 cm. Nos arreglamos para que hubiera cinco católicos conmigo. A las 21.30 había que apagar la luz y todos tenían que irse a dormir. En aquel momento me encogía en la cama para celebrar la misa, de memoria, y repartía la comunión pasando la mano por debajo de la mosquitera. Incluso fabricamos bolsitas con el papel de los paquetes de cigarrillos para conservar el Santísimo Sacramento y llevarlo a los demás. Jesús Eucaristía estaba siempre conmigo en el bolsillo de la camisa.

Una vez por semana había una sesión de adoctrinamiento en la que tenía que participar todo el campo. En el momento de la pausa, mis compañeros católicos y yo aprovechábamos para pasar un saquito a cada uno de los otros cuatro grupos de prisioneros: todos sabían que Jesús estaba en medio de ellos. Por la noche, los prisioneros se alternaban en turnos de adoración. Jesús eucarístico ayudaba de un modo inimaginable con su presencia silenciosa: muchos cristianos volvían al fervor de la fe. Su testimonio de servicio y de amor producía un impacto cada vez mayor en los demás prisioneros. Budistas y otros no cristianos alcanzaban la fe. La fuerza del amor de Jesús era irresistible.

Así la oscuridad de la cárcel se hizo luz pascual, y la semilla germinó bajo tierra, durante la tempestad. La prisión se transformó en escuela de catecismo. Los católicos bautizaron a sus compañeros; eran sus padrinos.

En conjunto fueron apresados cerca de 300 sacerdotes. Su presencia en varios campos fue providencial, no sólo para los católicos, sino que fue la ocasión para un prolongado diálogo interreligioso que creó comprensión y amistad con todos.

Así Jesús se convirtió –como decía Santa Teresa de Jesús– en el verdadero “compañero nuestro en el Santísimo Sacramento”. Un solo pan, un solo cuerpo. Y Jesús nos ha hecho ser Iglesia. “Porque uno solo es el pan, aun siendo muchos, un solo cuerpo somos, pues todos participamos del mismo pan” (1 Co 10, 17). He ahí la Eucaristía que hace a la Iglesia: el cuerpo eucarístico que nos hace Cuerpo de Cristo. O con la imagen joánica: todos nosotros somos una misma vid, con la savia vital del Espíritu que circula en cada uno y en todos (cf. Jn 15).

***

Extracto de la Obra: Testigos de esperanza

Autor: Cardenal F.X. Van Thuan

Link: Nguyen van Thuân: En un campo de concentración

Link: El crimen del Padre Van Thuan

Por amor a la Eucaristía

Publicado por RenaticO | Categorías: Iglesia Misionera, Para Reflexionar, eucaristía, testimonios | Fecha: 13-06-2009

1

Fulton Sheen y la EucaristíaUnos meses antes de su muerte el Obispo Fulton J. Sheen fue entrevistado por la televisión nacional: “Obispo Sheen, usted inspiró a millones de personas en todo el mundo. ¿Quien lo inspiró a usted? ¿Fue acaso un Papa?”.

El Obispo Sheen respondió que su mayor inspiración no fue un Papa, ni un Cardenal, u otro Obispo, y ni siquiera fue un sacerdote o monja. Fue una niña china de once años de edad.

Explicó que cuando los comunistas se apoderaron de China, encarcelaron a un sacerdote en su propia rectoría cerca de la Iglesia. El sacerdote observó aterrado desde su ventana como los guardias penetraron en la iglesia y se dirigieron al santuario. Llenos de odio profanaron el tabernáculo, tomaron el copón y lo tiraron al suelo, esparciendo las Hostias Consagradas. Eran tiempos de persecución y el sacerdote sabía exactamente cuantas Hostias contenía el copón: Treinta y dos.

Cuando los guardias se retiraron, tal vez no se dieron cuenta, o no prestaron atención a una niñita que rezaba en la parte de atrás de la iglesia, la cual vió todo lo sucedido. Esa noche la pequeña regresó y, evadiendo la guardia apostada en la rectoría, entró en la iglesia. Allí hizo una Hora Santa de oración, un acto de amor para reparar el acto de odio.

Después de su hora santa, se adentró al santuario, se arrodilló, e inclinándose hacia delante, con su lengua recibió a Jesús en la Sagrada Comunión. (en aquel tiempo no se permitía a los laicos tocar la Eucaristía con sus manos).

La pequeña continuó regresando cada noche, haciendo su Hora Santa y recibiendo a Jesús Eucarístico en su lengua. En la trigésima segunda noche, después de haber consumido la última Hostia, accidentalmente hizo un ruido que despertó al guardia. Este corrió detrás de ella, la agarró, y la golpeó hasta matarla con la culata de su rifle.

Este acto de martirio heróico fue presenciado por el sacerdote mientras, sumamente abatido, miraba desde la ventana de su cuarto convertido en celda.

Cuando el Obispo Sheen escuchó el relato, se inspiró en tal grado que prometió a Dios que haría una Hora Santa de oración frente a Jesús
Sacramentado todos los días, por el resto de su vida. Si aquella pequeñita pudo dar testimonio con su vida de la Real y hermosa Presencia de su Salvador en el Santísimo Sacramento, entonces el obispo se veía obligado a lo mismo. Su único deseo desde entonces sería, atraer el mundo al Corazón Ardiente de Jesús en el Santísimo Sacramento.

La pequeña le enseñó al Obispo el verdadero valor y celo que se debe tener por la Eucaristía; como la fe puede sobreponerse a todo miedo y como el verdadero amor a Jesús en la Eucaristía debe trascender a la vida misma.

Lo que se esconde en la Hostia Sagrada es la gloria de Su Amor. Todo lo creado es un reflejo de la realidad suprema que es Jesucristo. El sol en el cielo es tan solo un símbolo del hijo de Dios en el Santísimo Sacramento.

Por eso es que muchas custodias imitan los rayos de sol. Como el sol es la fuente natural de toda energía, el Santísimo Sacramento es la fuente sobrenatural de toda gracia y amor.

JESÚS es el Santísimo Sacramento, la Luz del mundo.

***

Autor: Rev. Martín Lucía

Vía: Catholic.net

P.S.: Comparto esta historia porque gracias a ella es que descubrí el verdadero valor de la Eucaristía, si deseas compartir más historias como estas, añade el enlace(link) en los comentarios.